miércoles, 17 de abril de 2013

"MILL..." "...WALL"

Uno tarda muy poco en descubrir que el cántico más repetido entre los hinchas del Millwall consiste en gritar “Mill…” con todas tus fuerzas, como si estuvieras en la jungla colgado de una liana, para luego, cuando ya has acojonado a cualquiera que pasa por tu lado, terminar diciendo “…wall!” en un tono mucho más grave. Les sale muy fácil porque entre tono y tono se cepillan la lata de cerveza que llevan en la mano. Generan temor alrededor de todos ellos, quizás hasta se le puede llamar miedo. Se bajan del metro en masa, cada cual con más litros de alcohol entre pecho y espalda, y atraviesan el puente de Bobby Moore para ver, al fondo del largo paseo vigilado por policías a caballo, el regalo que su equipo les ha preparado: Wembley y la FA Cup.

Cuando te vas acercando al estadio, las hinchadas se dividen: una hacia la derecha, para ir hacia la zona de sus asientos, y la otra por la izquierda, exactamente para lo mismo. Es algo así como un tenso paseo de cinco minutos en el que las dos aficiones se van dedicando todo tipo de cantos mientras los niños, de la mano de sus padres con la camiseta y la bufanda de su equipo, miran con susto. Los más valientes hacen gestos con las manos, gritan como si se acabase el mundo y amenazan con saltarse la fila de policías que divide los dos caminos para encararse con sus oponentes.

Primero generan miedo, luego amenazan. El tercer paso es darse de palos porque ellos son del Millwall y tú no. O lo que sea con tal de enchufarse unos con otros.

Miedo, amenaza y violencia. La secuencia completa se produjo desde el momento en que cogieron el tren hasta que el árbitro pitó el final del partido.

Perdieron 2-0 y fueron peores pero quizás este resultado se olvide dentro de treinta años. Lo de pasar algo de miedo por ir a un partido de fútbol, no creo.

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